Qué te juegas al elegir mal (y por qué pasa tanto)
Contratar un diseñador web parece fácil. Pides tres presupuestos, comparas números, eliges el del medio. Así es como la mitad de las pymes de Mallorca acaban con una web que no aparece en Google, que tarda cinco segundos en cargar y que nadie sabe tocar cuando hay que cambiar un precio.
El problema es que los tres presupuestos no describen el mismo producto. Uno es una plantilla de 300 € con tu logo encima. Otro es una web a medida. El tercero lleva partidas que no sabes leer. Sobre el papel, los tres dicen "diseño web". En la práctica, uno decora y otro vende.
Te cuento un caso mío. África Navarro llegó con un WordPress que se arrastraba: lento, pesado, imposible de posicionar. Pagó dos veces. Primero la web que no funcionaba, después la de verdad: la que pasa de 95 sobre 100 en las métricas de Google. El dinero de la primera no volvió.
Y el caso contrario también existe: Son Colom, un restaurante de Felanitx, se pasó años sin web. Todo por teléfono y boca a boca. No eligieron mal: no eligieron. Eso también tiene un coste, solo que no llega en factura.
Una web barata que no vende es la web más cara que puedes comprar.
Esta guía es lo que le contaría a un amigo con un negocio en la isla antes de firmar nada. Sin humo. Con precios y con las preguntas que casi nadie hace.
Los 6 criterios que separan una web que vende de una que decora
Da igual el logo que firme el presupuesto. Esto es lo que tiene que cumplir:
- Portfolio con proyectos reales que puedas visitar. No capturas bonitas: webs vivas, con nombre, que puedas abrir en tu móvil ahora mismo. Si el portfolio son mockups o webs que ya no existen, mala señal. Pide dos o tres URLs y mira cuánto tardan en cargar desde tu 4G.
- Código propio o plantilla, dicho a la cara. Una plantilla no es un crimen. El crimen es cobrártela como si fuera a medida. Yo hice decenas de webs WordPress antes de pasarme al código propio: conozco las plantillas desde dentro, pesan, se parecen entre sí y te atan a licencias y plugins de por vida.
- SEO de serie, no como extra de la factura. Títulos, estructura, sitemap, schema, Search Console configurado. Eso no es un "pack SEO" de 400 € aparte: es hacer bien el trabajo. Si te lo venden como extra, pregunta qué entregan entonces sin ese extra.
- Velocidad medible, no prometida. Todo el mundo dice que hace webs rápidas. Casi nadie lo demuestra. Pide el dato: puntuación PageSpeed móvil, medida en producción.
- Propiedad total: dominio, hosting y código a tu nombre. Cuando termines de pagar, la web tiene que ser tuya. Hay negocios en Mallorca que no pueden cambiar de proveedor porque su web vive en un sistema cerrado del que no se la pueden llevar. Eso tiene nombre: rehén.
- Un interlocutor que dé la cara. Quién te atiende la primera llamada y quién te contesta cuando algo falla un viernes por la tarde. Si son personas distintas, entre medias hay una cadena. El teléfono escacharrado de toda la vida.
¿Freelance o agencia? Lo que vi trabajando en una
Antes de montar el estudio trabajé en una agencia de marketing. Vi el proceso por dentro: el comercial vende, el account traduce, el diseñador diseña, el programador programa. Seis manos entre lo que pediste y lo que recibes. Cada mano cobra y cada traducción pierde algo.
Eso no hace malas a las agencias. Para proyectos grandes, con campañas, con varios equipos coordinados, tienen sentido. Pero para la web de una pyme, ese engranaje encarece sin añadir: pagas la estructura, no el resultado.
Un freelance te da lo contrario: la persona que te escucha en la primera llamada es la que programa tu web y la que te contesta después. El riesgo del freelance es otro: que desaparezca, que no dé abasto o que sea un aficionado. Por eso los criterios del capítulo anterior importan más que la etiqueta. Un freelance con portfolio verificable, proceso claro y contrato vale más que una agencia con recepcionista. Y al revés también.
La pregunta que lo resuelve casi todo: ¿quién va a hacer mi web, exactamente? Nombre y apellido. Si la respuesta es "nuestro equipo", insiste hasta que aparezca una persona.
Cuánto cuesta contratar un diseñador web en Mallorca en 2026
El mercado de la isla se mueve en estas bandas: por debajo de 500 € tienes plantillas con tu logo, entre 700 y 1.500 € trabaja la mayoría de freelance serios, y de 2.000 € hacia arriba entran las agencias, con techos de 5.000 o 6.000 € si hay tienda o campañas. Casi nadie publica sus precios. Yo sí, y los puedes comparar sin llamarme:
Landing en 5-7 días, web corporativa en 2-3 semanas, tienda en 3-4. Todos los precios desde, cerrados desde el primer brief.
Si quieres el desglose completo de por qué hay tanta diferencia entre 300 € y 5.000 €, lo tienes en cuánto cuesta una web en Mallorca en 2026, con precios reales y banderas rojas de presupuestos baratos.
El número final importa menos que saber qué incluye. Un presupuesto sin alcance escrito no es un presupuesto: es una cifra al aire.
Ojo con los costes que no salen en la primera página: licencias anuales de plantilla y plugins, "gestor de contenidos" con mensualidad, hosting revendido al triple. Pregunta siempre qué pagarás cada año cuando el proyecto esté entregado. Esa respuesta separa un precio honesto de una suscripción disfrazada.
Las 10 preguntas que debes hacer antes de firmar
Llévalas escritas a la reunión. Quien trabaja bien las contesta sin ponerse nervioso.
- ¿Quién va a hacer mi web, con nombre y apellido?
- ¿A nombre de quién se registran el dominio y el hosting?
- ¿Parte de plantilla o se programa a medida?
- ¿Qué puntuación PageSpeed móvil tendrá, medida en producción?
- ¿Qué incluye exactamente el precio y qué se cobra aparte?
- ¿Cuánto pagaré al año cuando esté entregada (licencias, hosting, mantenimiento)?
- ¿Podré editar los contenidos yo, sin pagar por cada cambio?
- ¿Qué pasa si quiero añadir un idioma o una sección dentro de un año?
- ¿Qué plazo hay por escrito y qué pasa si no se cumple?
- ¿Qué soporte hay después de la entrega y a qué precio?
Y tres banderas rojas que no fallan: te garantizan "primeros en Google" (nadie honesto garantiza posiciones), quieren registrar el dominio a su nombre "para hacértelo más fácil", y te presupuestan sin haber preguntado nada de tu negocio.
Escuchar también va en las dos direcciones. Cuando hice la web de Sorrentino's, en Artà, el propietario me dijo que no quería otro panel que atender: bastante tenía con la cocina. Las reservas salen por WhatsApp, el canal que ya usaba. Un buen profesional adapta la solución a tu negocio. Uno malo te vende la suya de siempre.
Cuidado con las listas de "mejores agencias de Mallorca"
Si buscas "mejores agencias diseño web Mallorca", la mitad de lo que sale son listas hechas por agencias de Madrid que se incluyen a sí mismas en el primer puesto. La misma lista existe para Tarragona, para Valencia y para donde haga falta, cambiando el nombre de la ciudad. Sin autor, sin fecha, sin haber pisado la isla.
No son una recomendación: son publicidad con forma de ranking. Úsalas como listín telefónico si quieres, pero el filtro tendrás que ponerlo tú. Mejor camino: abre los portfolios, visita las webs reales, mide cómo cargan y haz las diez preguntas del capítulo anterior. Una hora de comprobaciones te ahorra meses de arrepentimiento.
Y si tu negocio está en la isla y quieres ver cómo trabajo yo, está todo publicado: diseño web en Mallorca con precios a la vista y diez casos reales que puedes abrir ahora mismo. Contratar un diseñador web no es un acto de fe. Es comparar cosas que puedes comprobar.
Lo que más me preguntan antes de contratar
En 2026, una landing profesional parte de unos 745 €, una web corporativa a medida de 1.425 € y una tienda online de 1.875 €. Por debajo de 500 € casi siempre hay una plantilla con tu logo. Por encima de 5.000 €, estructura de agencia. Lo importante no es solo la cifra: es el alcance escrito que la acompaña.
Para la web de una pyme, un freelance con portfolio verificable suele dar más por menos: hablas directamente con quien programa y no pagas la cadena comercial de una agencia. La agencia tiene sentido en proyectos grandes con varios equipos. El criterio decisivo no es la etiqueta: es saber con nombre y apellido quién hará tu web.
Las diez del capítulo (005), y si solo puedes hacer tres: quién hará mi web exactamente, a nombre de quién quedan dominio y hosting, y qué pagaré cada año cuando esté entregada. Con esas tres respuestas ya sabes si estás ante un profesional o ante una suscripción disfrazada.
Tres pistas rápidas: tarda más de tres segundos en cargar desde el móvil, se parece sospechosamente a otras webs del mismo sector, y si pulsas botón derecho y "ver código fuente" aparecen nombres como Elementor, Avada o Divi repetidos por todas partes. La prueba definitiva es preguntarlo a la cara y pedir que conste en el presupuesto.
Tú. Siempre. El dominio registrado a tu nombre, el hosting en tu cuenta y el código entregado al cerrar el proyecto. Si el proveedor pone pegas a cualquiera de las tres cosas, pregúntate por qué le interesa que no puedas irte. Una web que no te puedes llevar no es tuya: es un alquiler.
Alcance por escrito (páginas, idiomas, funcionalidades), plazo con fecha, forma de pago, qué SEO técnico va incluido, quién pone los textos y las fotos, y los costes recurrentes del año siguiente. Si algo de esto falta, no es un presupuesto: es una cifra para engancharte y negociar los extras después.
Necesitar, no. Ayudar, ayuda: alguien de la isla entiende la estacionalidad, la clientela extranjera y por qué tu web necesita alemán además de inglés. Y si el proyecto lo pide, os podéis sentar en una mesa. Lo que no compensa es elegir a alguien de fuera solo porque una lista hecha en Madrid lo puso primero.